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Juan Benet, tan admirado como narrador, ocupa
igualmente con sus obras de ensayo una posición de primera línea en las
letras europeas. Entre su decena de libros ensayísticos, destaca
singularmente Puerta de tierra, recuperado al fin, después de treinta
años.
En estos ensayos habla de las libertades literarias y los mecanismos de
la imaginación, del posible divorcio de una amiga, de la dolorosa
ausencia de su hermano Francisco, del halo romántico de Schubert o El
rey Lear, así como de las destrucción y las ruinas que la historia más
narrativa nos suele ofrecer.
Pero en Puerta de tierra se dibujan también los telones de fondo de su
creación novelística, desde los ladridos fantasmales de Volverás a
Región, pasando por el recurrente mito de Numa, hasta los tardíos
susurros de En la penumbra. Y, sobre todo, tiene afinidades poéticas
con el universo ruinoso de Una meditación, aparecida asimismo en 1970,
vislumbrándose incluso a jirones ese paisaje personal de ríos
enigmáticos y valles desiertos.
Pues, en Benet, la reflexión nunca estuvo disociada del relato, y en
los planteamientos y divagaciones de su obra ensayística reconocemos
siempre la invención poética que la sustenta. En efecto, Puerta de
tierra define bien su obra literaria, con esa visión tan suya de la
fragilidad humana en sus escalas familiares o políticas. Primera edición anotada del gran libro de ensayos de Benet, con un epílogo sobre el contexto de esta obra.
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| Texto adicional: |
Algunas críticas:
El Norte de Castilla, 12-X-2003
El País, 26-X-2003
ABC, Cultural, 29-XI-2003
El País, 24-I-2004
Al margen
«Épica, noética, poiética» —el pórtico del libro— es
ejemplo de una sabiduría envolvente. Con variadas vías
argumentales, Benet prueba a dar hipótesis jugosas y razonables sobre
el origen de la metáfora. Del campo del estilo pasa Benet al ámbito de
los comportamientos con su «Epístola moral a Laura». Pese a su envoltura de consejo clásico, aborda ahora la
fidelidad y las costumbres desde un ángulo paulatinamente más plural,
hasta hacer surgir temas como los trucos y asombros de la vida escolar,
las crónicas y anécdotas de la parentela, las limitaciones de la moral
y de las instituciones o el problema del sufrimiento.
En «Un extempore», la conciencia temporal brota con fuerza, pues está escrito con las
cenizas de su hermano, un año mayor que él, desaparecido en un
accidente en abril de 1966. Francisco, tan decisivo para la formación
moral y literaria de Juan, había nacido en 1926, y murió en el exilio,
tras organizar, en 1948, la fuga de Cuelgamuros y realizar estudios
antropológicos en Francia y América. Este escrito —cuyo argumento es la
transformación del tiempo en existencia, devorada a su vez por la
memoria— es básico en su novela de formación.
«Op. Posth.» es una visión sobre la carrera de
Schubert, muerto asimismo joven. Benet, a punto de ser
consagrado en España, señala aquí cómo al principio sólo cuenta esa
maestría en el oficio «por la que hay que sacrificarse durante los años
de aprendizaje sin obtener gran cosa a cambio». Luego, comienzan a
aparecer la fama y el dinero. Ahora bien, suele ocurrir que, tras esa
segunda fase, el artista amargado por tales premios banales, «vuelva su
atención hacia un nuevo aprendizaje, en busca de una nueva maestría que
ya no busca otro premio sino su propia redención antes de la muerte».
La idea de fracaso que acecha al principiante, y que simétricamente
acecharía al ya consagrado, aparece a través del
descalabro del músico.
En «Cordelia Khan» se adentra Benet de un modo muy
familiar en Shakespeare, en una tragedia heterogénea y de un furor
desconcertante de Shakespeare. La interpretación benetiana de King Lear
es muy libre: asocia a la hija castigada del rey Lear, Cordelia, con la
idea de culto ancestral a una criatura enigmática o «khan». Además, el mundo
shakespeareano le ayudó también a extender su meditación a las heridas
de la guerra civil: se enfrenta al poder y las
destrucciones que había perpetrado en treinta años.
El cierre, «Sobre el carácter tétrico de
la historia», tiene asimismo un sentido formativo íntimo, pues los
viejos anales son un modelo tanto de sus dos primeras novelas, que
enfocan ciertos clanes, como del ciclo bélico que tituló Herrumbrosas lanzas. Como remate, Benet habla de la destrucción y la ruina que ésta nos pone ante
nuestros ojos. De forma indirecta, este apartado final acaba englobando
y tensando todos los restantes. Los seis apartados de este libro, aunque independientes, se encadenan por caminos transversales.
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